La historia es una comedia familiar. Brad Whitaker (Will Ferrell) es un hombre tranquilo y paternal por instinto que se casa con Sara (Linda Cardellini), con lo que se convierte en el padrastro de sus dos hijos. A pesar de la dificultad para conectar con sus hijastros -que tienen la tendencia a ignorarlo o a dibujarlo y lo hacen sufrir todo tipo de abusos y de violencia, hasta con heces de perro involucradas-, Brad ama ser padre.

Su situación se complica enormemente con la llegada de Dusty Mayron (Mark Wahlberg), el padre biológico de los niños. Dusty es apuesto y carismático, tiene un gran físico, maneja una enorme motocicleta y es, en general, el opuesto del domesticado y dócil Brad. Ambos comienzan entonces un alocado duelo personal por el afecto de los chicos.

En ese esfuerzo se traza la narración de “Guerra de papás”, con Brad siendo humillado a diario por Dusty, un tipo perfecto, seguro de sí mismo y encantador, que llega de visita al hogar con intenciones de quedarse.

No es otra del montón

De acuerdo con la crítica, el guión tiene los giros necesarios para hacer entretenida y efectiva una película del montón. El filme se apoya en el oficio de Ferrell y en el carisma de Wahlberg para lograr buenos momentos.

Dusty busca complicarle la vida a Brad. Primero le lleva un perro a su casa, luego se gana la confianza de su jefe para después intentar recuperar a su mujer e hijos, y desplazarlo definitivamente. Una y otra vez vemos a Brad sentir en su rostro el martirio recibido con humor, acompañado por una serie de gags visuales (se destacan las escenas que involucran una moto y un skate).